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lunes, 24 de febrero de 2014




DE PORQUE LOS HOMBRES SON SIMPLES Y NOSOTRAS NOS NEGAMOS A CREERLO



Desde que eres pequeña te dan informaciones erróneas o como mínimo contradictorias sobre el sexo opuesto.A estas enseñanzas se une la factoría Disney, los cuentos populares, las teleseries de adolescentes y  Candace Bushnell , que acaba de hacerte el lio. Esto hace que cuando creces tengas ideas tan confusas sobre el comportamiento del que se supone que tiene que ser  tu media naranja, que andes por ahí  vagando como medio limón en pena.

Cuando eres una niña y algún niño te hace alguna perrería en el patio del colegio ,tu probablemente correrás a contárselo a tu madre. Y ella probablemente justifique su comportamiento en el hecho de que le gustas, incluso puede que vaya  más allá y te diga que le gustas mucho. A ti esta  información como poco no te cuadra…. porque normalmente tu a él tiendes a darle besos y no patadas.

Por esta regla de tres yo ahora debería estar felizmente casada , con tres hijos y un plan de pensiones con Santiago ,el vecinito de enfrente que martirizó mi infancia. Como aquel día  en el callejón oscuro de mi barrio que  a modo de pistoleros del oeste, uno en cada extremo del mismo , el me enseñó una piedra de tamaño considerable y se ofreció a tirármela a la cabeza  , y yo, con esa incapacidad para ver el riesgo que aún conservo, le reté a ello. El resultado no es difícil de adivinar .Con el tiempo descubrí que Santiago no me quería, sino que simplemente vio su hombría puesta en tela de juicio y actuó en consecuencia.







Cuando eres una adolescente no se produce una gran mejoría. Tú con tus espinillas, tus hormonas en ebullición, la presión de la pandilla  y ellos que van por detrás de ti  dos años en su desarrollo psicosocial. Aqui cada vez que uno tiene un comportamiento inexplicable tu corres a los brazos de tus amigas -después de lo de Santiago hay algo que te hace desconfiar de tu madre-. Casi todas te dirán que el problema  es que aún es un niño .Y la más romanticona,  esa que siempre lo ve todo de color  rosa, te dirá que ella cree que Pablo esta realmente por ti, aunque se magree con todas a la salida del tuto. Vamos que continúan las justificaciones :la falta de madurez y la promiscuidad. Que tu estas en la  misma tesitura, pero tu has forrado tu carpeta con sus fotos y le has entregado  tu corazoncito en forma de poema en hoja de bloc. Y que él te lo pague así…. ¡duele y mucho!




Cuando te conviertes en una adulta la cosa empeora, las justificaciones empiezan a ser más elaboradas , porque la coyuntura es mucho más complicada: que si acaba de salir de una relación seria, que si nunca tuvo una relación seria, que si es demasiado joven para comprometerse, que si ya es  demasiado mayor .Aquí el circulo de sabias también se ha agrandado: aparte de las amigas, están las conocidas, las compañeras de facultad o del  trabajo y la tia de la madre de la vecina. Y como no,  todos los ensayos  que hablan del tema. Estos recogen teorías muy variadas :Que si los hombres se convierten en eternos niños porque  sienten que las mujeres triunfadoras no los necesitan, que si el infantilismo que impera en la sociedad hace que realmente jamás corten el cordón umbilical, que si la liberación femenina los dejó totalmente confundidos y no saben que rol deben adoptar ,si el del macho alfa o el del amigo gay, que si la coyuntura económica hace que la convivencia se retrase mucho y por tanto no hay compromiso real……



Todo esto amigas mías son paparruchas (como me gusta esta palabra), y lo sé ahora que he llegado a una  cierta edad  (que poco me gusta esta frase) ,en la que he sufrido en mis carnes el comportamiento masculino; y  porque  conozco a un número considierable de solterones de más de 40, que han aportado luz al tema . Ellos me han revelado el secreto mejor guardado después de el de la cocacola: los tios son simples y nosotras nos negamos a creerlo .Alguno dice  que  que no son es simples sino sencillos, esto no es más que un eufemismo,  y traducido significa que son simples pero tienen cultura.Y alguno llega más lejos aún atribuyéndonos a nosotras la culpa de tanta confusión, por esperar de ellos más de lo que realmente pueden dar.

Como idea global se puede decir que los hombres son los mismos  a los 18 que a los 40, solo han cambiado el tipo de juguetes, que aumentan cualitativamente , y los complejos ,que aumentan cuantitativamente.









Nosotras , que somos capaces de darle tantas vueltas a algo hasta perder de vista ese algo, que somos las reinas del  “ y si…..”, que podemos decir "si" y  "no" sin ni siquiera abrir la boca, que vemos el hecho de pensar en nada como una proeza que no está a nuestro alcance ……..  pues que quereis que os diga, que  la tragedia griega esta servida.

Así ,siempre habrá un alma caritativa , normalmente de tu mismo género, que justifique el comportamiento del hombre en cuestión.Pongo ejemplos: el no te ha llamado después de una primera cita.... puede que haya perdido tu teléfono, él no te llamó después de la primera bronca  tras cuatro meses ….no  se siente preparado para una relación seria, después  de una gran bronca a los cuatro años…..está sobrepasado por la relación seria que ya tuvisteis......No nos engañemos por favor : no te ha llamado porque no le ha salido de las gónadas llamarte.

 Asique interiorizar estas premisas amigas : si un hombre no te llama es porque no le interesas, sabe si te quiere a los  dos meses de  de conocerte, si te dice que te quiere realmente te quiere ; y si no te lo dice es  que no te quiere o no han pasado dos meses. Vamos que ni ex recientes, ni miedo al compromiso, ni dudas existencias, ni coyuntura económica , ni la abuela que fuma en pipa………..






Pero claro , esto es  muy doloroso de asumir por nosotras. Entonces desde que la tierra es tierra y en ella estaba Eva , que salió de una costilla y Adán que mordió la manzana , y todo el tinglado; nosotras pensamos que le estamos haciendo un favor a la amiga de turno, y por extensión a nosotras mismas, justificando lo injustificable. 

Se que hay cosas muy difíciles de asumir: que la cabeza rapada solo le sienta bien a Sinéad O'Connor, que no volverás a entrar en los levis que llevabas a los 17 años,  y que lo que te está diciendo u omitiendo  un hombre es realmente lo que piensa.Es duro, pero aceptémoslo de una vez y seremos todas  más felices.


viernes, 14 de febrero de 2014




MIS PRIMEROS PANTALONES



Eran de color azul mahón, de algodón,  forrados y con pinzas. No recuerdo la edad exacta que tenía, pero no creo que pasase de los 8 años, y esta foto es del día que los estrené.






Es curioso, porque  aunque soy un desastre recordando nombres, fechas y otros detalles relevantes; siempre recuerdo la ropa que llevaba en una u otra ocasión.

Cuando  me imagino a alguien querido  , lo veo vestido con una determinada prenda que en mi inconsciente lo representa. Con que  nos vestimos a fin de cuentas dice bastante de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que queremos ser.

De niña  recuerdo pasarme  las tardes  delante del armario vestidor de una de mis tias, disfrazándome con sus vestidos, sus  estolas, sus  collares y sus zapatos. Aquel armario era una especie de tesoro que me transportaba al día en el que yo fuese mayor ,y  de aquella guisa , me pasase las tardes tomando  café en una de esas elegantes terrazas del  parque al que me llevaba mi abuela.

Audrey Hepburn dijo en una ocasión que  mientras algunas personas sueñan con piscinas, ella soñaba con armarios. Algo parecido me pasa a mi.

Mi familia es una especie de matriarcado, encabezado  por esas mujeres de antes  con escasa educación reglada, pero que igual que trabajaban la tierra, criaban hijos y sacaban adelante negocios ; hacían primorosas labores de costura. Todas ellas  son extremadamente coquetas y pueden pasarse horas hablando de los detalles de ciertos zapatos o del corte de ese abrigo que fue pasando de madres a hijas.



                                   


Mi infancia ha transcurrido entre los bordados  de mi madre, las máquinas de coser de mis tias y los burdas de mis primas. Soy capaz de distinguir entre un crepé y una alpaca, y lo primero que miro de una prenda es  la  composición. Me fascinan las mercerías , sobre todo si son antiguas; y nada me relaja más que pasarme horas revolviendo entre botones, lazos y pasamanerías. 


Pero volvamos a esos pantalones, algo tan aparentemente poco significativo, pero que tanto esconden.

Al ser la primera hija de mi madre, y venir al mundo de forma tardía e inesperada, mi madre siempre se sintió un poco descolocada  sobre la  educación  que debería darme;  y por extensión sobre como debería vestirme. Aunque en un primer momento parece que quiso  hacer de mi una niña modosita y comedida , estaba claro que yo ya apuntaba maneras de chicazo. Mis rodillas y mis codos a modo de mapa mundi en relieve así lo demostraban. Al final como todas las madres del mundo, lo hizo lo mejor que supo, y el resultado final no ha sido del todo malo.

Resumiendo hasta ese momento mi madre solo me había vestido con  faldas y vestidos. Por ello  recuerdo perfectamente la emoción que sentí el día que apareció con aquellos pantalones.Y  esa foto , en la que poso con una actitud un poco chulesca, la recoge .Parecezco  estar diciendo : Aquí estoy yo y nada me va a parar.

Recuerdo que con esa edad  mi madre tampoco me había querido comprar nunca una bici, por miedo a que me hiciese daño. En cambio yo tenía un carricoche aurre, a imitación de los  de verdad; con su saco de puntillas  y su muñeco  recién nacido de carne, vestido con ropita echa a  medida , que era la envidia de todas las niñas del  vecindario.

Aunque mi madre no lo quisiese  ver ,estaba claro que para la niña nerviosa e inquieta  que era yo , pasear aquel carricoche  no era suficiente. Sin embargo yo tenía mis recursos ,y una especie de acuerdo tácito con una vecina por el cual yo le prestaba mi cochecito,y ella a mi su bici. Ni que decir cabe que de esta transacción mi madre no tenía conocimiento alguno.
También recuerdo un día en el que atravesé la carretera nacional  a toda velocidad, al ser incapaz de frenar  bajando  una empinada cuesta. Aquel día sentí miedo no cabe duda, pero también conocí lo que es la adrenalina. Esa sensación me enganchó  hasta el día de hoy ,y hace que me apasione cualquier deporte que me ponga al límite.

Por todo esto  recuerdo con tanto cariño esos pantalones, por lo que supusieron en mi vida: esa sensación de libertad, ese placer por sentirse  uno más entre  los chicos, y en general ese ansía por hacerse mayor.